Escrito y revisado por Dr. Esteban Giraldo Casas, neuropsicólogo clínicoÚltima revisión:
Qué son las funciones ejecutivas
Son las capacidades que nos permiten dirigir nuestra propia conducta hacia una meta: decidir qué hacer, mantenerlo en mente, frenar lo que estorba, cambiar de plan cuando algo no sale y revisar el resultado. Funcionan como el "director de orquesta" del resto de habilidades. Un niño puede leer bien y saber las tablas, y aun así no lograr terminar un taller si esas capacidades no lo acompañan.
Se suelen describir tres funciones básicas y otras que se construyen sobre ellas:
- Memoria de trabajo: sostener información mientras se usa. Recordar las tres instrucciones que dio la profesora mientras saca el cuaderno.
- Control inhibitorio: frenar un impulso o una distracción. No responder antes de que terminen la pregunta, no abrir otro juego a mitad de la tarea.
- Flexibilidad cognitiva: cambiar de estrategia o de actividad. Aceptar que hoy el plan cambió, probar otra forma de resolver el problema.
- Planificación y organización, manejo del tiempo e inicio de tareas, que dependen de las anteriores.
Estas funciones maduran despacio: siguen desarrollándose durante la adolescencia y hasta el comienzo de la adultez. Por eso lo que se espera de un niño de siete años no es lo mismo que de uno de catorce.
Señales de que conviene revisarlas
- Olvida qué tenía que hacer, aunque lo haya repetido varias veces.
- Empieza muchas tareas y termina pocas.
- Se bloquea o hace una pataleta cuando cambia la rutina.
- No calcula el tiempo: deja todo para la noche anterior.
- El morral, el escritorio y el cuaderno están siempre en desorden, y pierde útiles con frecuencia.
- Sabe el tema, pero en el examen deja preguntas sin leer o comete errores por descuido.
Estas dificultades aparecen en el TDAH, pero también en el autismo, después de un trauma craneal, en algunos niños prematuros o con epilepsia, y a veces sin ningún diagnóstico asociado. También pueden deberse a ansiedad, a poco sueño o a exceso de pantallas. Por eso, antes de entrenar, hay que saber qué está pasando.
Primero, medir
Una evaluación neuropsicológica infantil mide cada función ejecutiva con pruebas estandarizadas para la edad y recoge cuestionarios de padres y docentes, porque lo que el niño hace en una prueba de 20 minutos no siempre coincide con lo que hace en un salón de 35 compañeros. Así se sabe cuál de las funciones está más comprometida y cuáles son sus fortalezas, que también se usan en la intervención.
La evaluación completa tiene precio cerrado de $670.000, con informe en 7 días y sesión de devolución. De ahí salen las metas del entrenamiento.
Qué funciona, según la evidencia
Hay mucha oferta de programas y aplicaciones que prometen "entrenar el cerebro". La investigación invita a la prudencia:
| Enfoque | Qué se sabe |
|---|---|
| Juegos de computador que entrenan una función aislada | El niño mejora en el juego y en tareas muy parecidas; el paso al salón de clase y a la casa es limitado. |
| Estrategias enseñadas y practicadas en tareas reales | Más probabilidad de que el avance se note en la vida diaria, sobre todo si padres y docentes las refuerzan. |
| Apoyos externos (listas, horarios visibles, temporizadores) | No "curan", pero reducen la carga sobre la función débil y permiten rendir mientras madura. |
| Trabajo con padres y colegio | Es lo que sostiene el cambio fuera de la sesión. Sin él, el efecto suele ser pobre. |
Por eso nuestro enfoque combina práctica graduada con estrategias aplicadas a las tareas del colegio y de la casa, y no se limita a una pantalla.
Cómo se trabaja
Con el niño
Sesiones semanales por videollamada, de unos 45 minutos, con actividades adaptadas a la edad: juegos de reglas que cambian, planear un recorrido o una receta, organizar el morral en pantalla, dividir un trabajo largo en pasos. Poco a poco se le enseña a hablarse a sí mismo —"primero leo todo, luego subrayo lo que me piden"—, que es una de las herramientas más útiles para autorregularse.
Con los padres
- Instrucciones cortas, de una en una, con contacto visual.
- Rutinas visibles para la mañana y la tarde, con apoyo de imágenes en los más pequeños.
- Dividir las tareas largas y dar tiempos concretos con un reloj a la vista.
- Elogiar el esfuerzo y el uso de la estrategia, no solo el resultado.
- Retirar los apoyos de forma gradual, cuando el niño ya los usa solo.
Con el colegio
Se envían recomendaciones concretas al docente: ubicación en el salón, instrucciones por escrito, agenda revisada, más tiempo en evaluaciones cuando haga falta. Si el niño tiene un diagnóstico que lo amerita, el informe sirve para construir el PIAR.
En la adolescencia, otras metas
En bachillerato las exigencias cambian: ya no hay una sola profesora que recuerde las fechas, aumentan las materias, los trabajos en grupo y las entregas por plataforma. Muchos adolescentes que en primaria "iban bien" empiezan a tropezar justo aquí, porque la organización que antes hacían los adultos ahora les toca a ellos.
Con los adolescentes el trabajo es más directo y se negocia con ellos: usar un calendario digital de verdad, dividir un proyecto en entregas parciales, estimar cuánto tarda cada tarea y comparar con lo que realmente tardó, preparar los exámenes con anticipación. Los padres pasan de supervisar a acompañar, y se acuerda con el adolescente qué apoyos quiere y cuáles ya no necesita. Forzar un sistema que él no acepta suele terminar en discusiones y abandono.
Duración y costo
La duración depende de la edad, del motivo y de cuánto se practique en casa. Se revisan las metas periódicamente y se decide con datos si seguir, cambiar la estrategia o terminar. El valor del entrenamiento se define después de la evaluación, según el plan, y se le informa por escrito antes de empezar.
Si su hijo tiene TDAH, vea también la página de terapia para el TDAH; si el motivo es la lectura, la escritura o las matemáticas, la de dificultades de aprendizaje.
Preguntas frecuentes
¿Desde qué edad se puede trabajar?
Desde preescolar, pero la forma cambia mucho. Con los más pequeños el trabajo se hace sobre todo a través de los padres y del juego; desde los primeros años de primaria el niño ya puede aprender estrategias de forma directa.
¿Mi hijo tiene que tener TDAH para hacer este entrenamiento?
No. Las funciones ejecutivas pueden estar débiles sin TDAH. Lo importante es que la evaluación muestre que ahí está la dificultad y que no se explica mejor por otra causa, como un problema de lenguaje, ansiedad o sueño.
¿Sirve hacerlo por videollamada con niños?
Sí, en la mayoría de los casos, con un computador o tableta y un adulto cerca al comienzo. La ventaja es que se trabaja con las tareas y el espacio reales del niño. Si un niño no logra sostener la sesión frente a la pantalla, se ajusta el formato y se prioriza el trabajo con los padres.
¿Puedo comprar un programa en línea y hacerlo en casa?
Puede, pero sepa que esos programas suelen mejorar el desempeño en el propio juego más que en el colegio. Sin evaluación y sin estrategias aplicadas a la vida diaria, el resultado suele ser pobre.